Discipline

Comportamiento agresivo en niños: por qué ocurre y cómo responder (de 2 a 7 años)

Luisa
Luisa
Author
February 14, 2026
12 min read
comportamiento agresivo en niñosagresividad infantilniño que pegaproblemas de conducta infantilregulación emocional niñosdisciplina positiva agresividadmanejo de la ira en niñoscrianza respetuosa agresividad
Comportamiento agresivo en niños: por qué ocurre y cómo responder (de 2 a 7 años)

Cuando tu dulce hijo de 4 años le da un puñetazo a otro niño en el parque, la vergüenza y el miedo te golpean antes que cualquier otra cosa. Tu cara se enrojece. Los otros padres miran. Y el pensamiento que corre por tu mente es: "¿Qué le pasa a mi hijo?"

Nada. No le pasa nada a tu hijo.

El comportamiento agresivo en niños pequeños — los golpes, las patadas, los mordiscos, lanzar cosas, empujar y gritar — es una de las preocupaciones más comunes que los padres llevan al pediatra y al psicólogo infantil. Y aunque resulta alarmante en el momento, las investigaciones son claras: la agresividad en niños de 2 a 7 años es casi siempre un problema de comunicación, no un problema de carácter. Tu hijo no está roto. Su cerebro está en construcción.

Comprender por qué ocurre la agresividad y cómo responder de forma efectiva puede transformar tus momentos más temidos como padre o madre en oportunidades de verdadero crecimiento emocional. Esta guía te llevará a través de la neurociencia, lo que puedes esperar según la edad, estrategias comprobadas y las señales que te indican cuándo es momento de buscar apoyo profesional.

📋Key Takeaways
  • La agresividad en niños de 2 a 7 años es casi siempre un problema de comunicación, no un problema de carácter
  • La corteza prefrontal de tu hijo (el "pedal de freno") no estará completamente desarrollada hasta los 25 años — recurren a la agresividad porque los sistemas de respuesta más sofisticados aún no están construidos
  • Co-regula primero, enseña después — no puedes razonar con un cerebro en modo de supervivencia
  • Las estrategias consistentes y compasivas típicamente reducen la agresividad en un 40-60% en 4-6 semanas

Lo que realmente está pasando en el cerebro de tu hijo

El secuestro de la amígdala

Para entender la agresividad de tu hijo, necesitas comprender dos partes de su cerebro. La amígdala es el sistema de alarma: detecta amenazas y activa la respuesta de lucha o huida en milisegundos. La corteza prefrontal es el pedal de freno: evalúa las situaciones de manera racional, controla los impulsos y toma decisiones reflexivas.

Aquí está el problema: la amígdala está completamente operativa desde el nacimiento. La corteza prefrontal no estará completamente desarrollada hasta que tu hijo tenga aproximadamente 25 años.

Cuando a tu hijo de 3 años lo empujan en el parque, su amígdala se dispara instantáneamente: ¡Peligro! ¡Pelear! La corteza prefrontal, que normalmente intervendría diciendo "Espera, usemos las palabras," está esencialmente fuera de servicio. La alarma suena tan fuerte que el cerebro racional no puede hacerse escuchar. Tu hijo no elige la agresividad — su cerebro recurre a ella por defecto porque el sistema de respuesta más sofisticado aún no está construido.

Esto no es un fallo de disciplina. Es arquitectura cerebral.

La cascada de la respuesta al estrés

Cuando un niño se vuelve agresivo, su cuerpo se inunda de cortisol y adrenalina. Su ritmo cardíaco se dispara, los músculos se tensan, la respiración se vuelve superficial y su capacidad para el lenguaje, la empatía y el pensamiento lógico cae prácticamente a cero. En este estado, tu hijo literalmente no puede:

  • Escuchar tu razonamiento ("¡Usa tus palabras!")
  • Sentir empatía ("¿Cómo crees que se siente ella?")
  • Controlar su cuerpo ("¡Deja de pegar ahora mismo!")
  • Procesar consecuencias ("Si haces eso otra vez, nos vamos")

Intentar enseñar o disciplinar durante la respuesta al estrés es como intentar tener una conversación con alguien cuya casa está en llamas. Primero, tienes que apagar el fuego.

Tres tipos de agresividad (y por qué es importante)

No toda la agresividad es igual, y entender el tipo te ayuda a responder de forma efectiva.

Agresividad reactiva (desbordamiento emocional)

Este es el tipo más común en niños pequeños. El niño se inunda de emoción — frustración, miedo, ira, sobreestimulación — y su cuerpo explota antes de que su cerebro pueda reaccionar. Lo reconocerás por la intensidad emocional que lo acompaña: lágrimas, gritos, cara roja, angustia evidente.

Cómo suena desde la perspectiva del niño: "¡No puedo manejar este sentimiento y mi cuerpo está haciendo algo antes de que pueda detenerlo!"

Agresividad instrumental (orientada a un objetivo)

El niño quiere algo específico — un juguete, un turno, un asiento en particular — y usa la fuerza física para conseguirlo. Este tipo es más calculado y menos emocional. Notarás que suele ser rápido y con propósito, sin la crisis emocional que acompaña a la agresividad reactiva.

Cómo suena desde la perspectiva del niño: "Quiero esa cosa y empujar es la forma más rápida de conseguirla."

Agresividad basada en la frustración (brecha de habilidades)

El niño está intentando hacer algo que aún no puede lograr — comunicar un sentimiento complejo, resolver un problema social, completar una tarea — y la brecha entre lo que quiere y lo que puede hacer se vuelve insoportable. Este tipo a menudo implica lanzar o destruir cosas.

Cómo suena desde la perspectiva del niño: "¡Estoy esforzándome mucho y no funciona y ya no puedo más!"

Cada tipo requiere una respuesta ligeramente diferente, pero los tres comparten un hilo común: el niño necesita habilidades que aún no tiene.

Qué es normal en cada edad

Una de las cosas más útiles que puedes saber es qué esperar. La agresividad que es perfectamente normal a los 2 años se ve diferente a los 6.

De 2 a 3 años: los años pico

La agresión física está en su punto más alto durante este período. Casi todos los niños pequeños pegan, empujan, agarran o muerden en algún momento. El lenguaje aún se está desarrollando, el control de impulsos es mínimo y el concepto de compartir está genuinamente más allá de su capacidad cognitiva. Las rabietas con componentes físicos — tirarse al suelo, agitar brazos y piernas, lanzar objetos — son normales. Si tu hijo de 2 años empuja a otro niño para quitarle un juguete, eso no es una señal de alarma. Es una realidad del desarrollo.

De 3 a 4 años: el cambio hacia la comunicación

A medida que el lenguaje se desarrolla rápidamente, deberías empezar a ver una disminución gradual de la agresión física. Los niños comienzan a usar palabras junto con (y a veces en lugar de) acciones físicas. Pero durante momentos de emociones intensas, seguirán recurriendo a su cuerpo. Esta es también la edad en la que las luchas de poder se intensifican, y la agresividad puede surgir durante batallas por la autonomía.

De 4 a 5 años: el surgimiento de la empatía

Los niños comienzan a entender — al menos a veces — que sus acciones lastiman a otros. Pueden mostrar remordimiento después de un episodio agresivo, incluso si no pudieron detenerse en el momento. La agresividad verbal (insultos, amenazas) puede aumentar mientras la agresión física disminuye. Esto es en realidad un progreso: están pasando del cuerpo a las palabras, aunque las palabras aún no sean amables.

De 5 a 7 años: la ventana de autorregulación

A esta edad, la mayoría de los niños pueden manejar una frustración leve sin recurrir a la agresión física. Cuando ocurre, es típicamente durante momentos de emoción intensa o cuando se acumulan varios factores de estrés (hambre, cansancio, conflictos sociales). Los niños de esta edad pueden empezar a identificar sus detonantes, practicar estrategias de afrontamiento y participar en conversaciones significativas sobre su comportamiento después del hecho. Si la agresión física sigue siendo frecuente e intensa en esta etapa, merece mayor atención. Nuestra guía para entender la rebeldía explora qué sucede cuando los niños en edad escolar continúan luchando con la regulación conductual.

7 estrategias que realmente reducen la agresividad

Estrategia 1: Seguridad primero, siempre

Cuando ocurre la agresividad, tu única prioridad inmediata es la seguridad. Detén el comportamiento, protege a quien recibe la agresión y protege a tu hijo de lastimarse o escalar más.

Cómo se ve en la práctica:

  • Colócate físicamente entre los niños (con calma, no agresivamente)
  • Usa sujeciones suaves pero firmes si es necesario: "Voy a sostener tus manos hasta que tu cuerpo esté seguro"
  • Lleva a tu hijo a un espacio menos estimulante
  • Atiende a cualquier niño que haya resultado lastimado

⚠️
WarningAgarrar bruscamente, gritar "¡PARA YA!", exigir disculpas inmediatas o dar sermones en el momento de la crisis escalará la respuesta de estrés — no la detendrá.

Estrategia 2: Co-regula antes de educar

El sistema nervioso de tu hijo está en llamas. Antes de que pueda aprender algo, necesita que tu sistema nervioso tranquilo le ayude a volver a la calma. Esto es la co-regulación, y es la herramienta más poderosa que tienes.

Técnicas de co-regulación:

  • Ralentiza tu propia respiración de manera visible — deja que vea cómo sube y baja tu pecho
  • Baja tu voz a apenas un susurro
  • Reduce tus palabras a frases cortas y sencillas: "Estoy aquí. Estás a salvo. Te tengo."
  • Ofrece contacto físico si lo acepta — una mano en su espalda, sentarte cerca
  • Espera — esta es la parte más difícil. Puede tomar de 5 a 15 minutos para que las hormonas del estrés se disipen

Tu presencia tranquila no es pasiva. Está haciendo el trabajo neurológico más pesado de toda la interacción. Literalmente le estás prestando a tu hijo la regulación que aún no puede producir por sí mismo.

Estrategia 3: Ponle nombre al sentimiento detrás del golpe

Una vez que tu hijo empieza a calmarse (no completamente tranquilo, solo comenzando a bajar), nombra lo que ves. No se trata de justificar el comportamiento — se trata de ayudar a tu hijo a entender qué lo provocó.

💬
Instead of: "¡Deja de pegar ahora mismo! ¿Qué te pasa?"
Try: "Estabas MUY enojado cuando él tomó tu camión. Tu cuerpo entró en modo de pelea."

Más guiones para nombrar emociones:

  • "Fue muy aterrador cuando ella te empujó, y tu cuerpo quiso empujar de vuelta."
  • "Querías otro turno CON TANTAS ganas y se sentía imposible esperar."
  • "Tu cuerpo tenía demasiada energía y salió toda de golpe."

Cuando los niños escuchan su experiencia interna descrita con precisión, se construye un puente fundamental entre la sensación y el lenguaje. Con el tiempo, aprenden a decir "Estoy furioso" en lugar de lanzar un bloque.

Estrategia 4: Enseña alternativas (cuando esté tranquilo)

Aquí es donde ocurre la verdadera construcción de habilidades — pero debe suceder durante momentos de calma, no durante ni inmediatamente después de un episodio agresivo. El cerebro que aprende y el cerebro de supervivencia no pueden funcionar simultáneamente.

Alternativas para enseñar:

  • Pisar fuerte con los pies cuando siente ira ("Deja que tus pies estén enojados, no tus manos")
  • Apretar una almohada o pelota antiestrés cuando siente el impulso de pegar
  • Usar una "voz de enojo" — palabras fuertes y controladas en lugar de acción física
  • Alejarse a un rincón de calma designado
  • Pedir ayuda a un adulto antes de que los sentimientos se hagan demasiado grandes

Cómo practicar:

  1. Elige una alternativa a la vez
  2. Haz juegos de roles durante momentos de calma y conexión
  3. Usa peluches o títeres para practicar escenarios
  4. Elogia cualquier intento de usar la alternativa, aunque sea imperfecto
  5. Ten paciencia — las nuevas conexiones neuronales tardan semanas en fortalecerse

Estrategia 5: Conviértete en detective de detonantes

La agresividad no surge de la nada. Casi siempre hay un patrón, y encontrarlo te da el poder de prevenir en lugar de reaccionar.

Detonantes comunes para rastrear:

  • Hora del día (antes de las comidas, después del colegio, al final de la tarde)
  • Transiciones (salir del parque, dejar de jugar, ir a la cama)
  • Carga sensorial (ambientes ruidosos, espacios llenos de gente, texturas incómodas)
  • Situaciones sociales (niños específicos, grupos, competencia)
  • Estado físico (hambre, cansancio, enfermedad, sobreestimulación)
  • Estado emocional (celos por un hermano, ansiedad por el colegio, sensación de desconexión)

Lleva un registro sencillo durante una semana. Anota cuándo ocurre la agresividad, qué la precedió y qué parecía necesitar tu hijo. Los patrones surgirán, y esos patrones son tu hoja de ruta para la prevención.

Estrategia 6: Llena la cuenta bancaria de la conexión

Piensa en tu relación con tu hijo como una cuenta bancaria. Cada momento de conexión genuina — juego, risas, contacto visual, calidez — es un depósito. Cada conflicto, corrección y momento estresante es un retiro.

Los niños con una cuenta de conexión llena manejan mejor la frustración, se recuperan más rápido de los disgustos y están más dispuestos a aceptar límites. Los niños que funcionan con la cuenta vacía son más reactivos, más agresivos y más difíciles de alcanzar.

Depósitos diarios de conexión:

  • 10 minutos de juego dirigido por el niño donde sigues su liderazgo completamente
  • Afecto físico — no solo cuando se lastima, sino de forma aleatoria durante el día
  • Elogios específicos por cosas que notas: "Esperaste tu turno con mucha paciencia. Eso requirió verdadera fuerza."
  • Risas — sean tontos juntos, tengan bromas internas, hagan cosquillas y jueguen a luchar (con consentimiento)
  • Ritual de la hora de dormir que incluya una conversación a solas: "Cuéntame la mejor parte de tu día"

💡
TipLos niños con apego seguro muestran un 60% menos de comportamiento agresivo — no porque sientan menos ira, sino porque tienen una base emocional más sólida para manejarla (estudios de apego de la Universidad de Minnesota).

Estrategia 7: Juegos de roles y ensayo

Los niños aprenden a través de la práctica, y la práctica más efectiva ocurre a través del juego. Representar escenarios desafiantes durante momentos de calma ayuda a los niños a construir conexiones neuronales para mejores respuestas antes de que las necesiten.

Ideas para juegos de roles:

  • "Vamos a imaginar que te quito tu juguete. ¿Qué podrías hacer en lugar de pegar?"
  • "Yo voy a ser el niño que no quiere compartir. Muéstrame cómo podrías manejarlo."
  • "Vamos a practicar qué hacer cuando tu cuerpo empieza a sentirse como un volcán"
  • Turnarse para ser el "niño enojado" y el "niño que ayuda"

Hazlo divertido. Usa voces graciosas. Deja que tu hijo haga el papel del adulto a veces. Cuanto más practiquen, más automáticas se vuelven las respuestas alternativas.

El desafío de la autorregulación de los padres

Aquí va una verdad de la que no se habla lo suficiente: la agresividad de tu hijo activa tu propia respuesta de estrés. Cuando tu hijo pega a otro niño, TU amígdala también se dispara. Vergüenza, miedo, ira, impotencia — todo se desborda. Y si respondes desde tu propio estado de secuestro emocional, vas a escalar la situación o a modelar exactamente la desregulación que intentas ayudar a tu hijo a superar.

Cómo manejar tu propia respuesta:

  • Reconoce tus detonantes. ¿Qué es específicamente lo que te altera de la agresividad de tu hijo? ¿Es la vergüenza pública? ¿El miedo de que algo esté "mal"? ¿La sensación de fracaso?
  • Ten un guion personal. Antes del próximo incidente, decide qué te dirás a ti mismo: "Este es un cerebro en desarrollo, no un niño malo. Puedo mantener la calma."
  • Respira primero. Toma una respiración profunda antes de hablar o moverte. Una sola respiración puede ser la diferencia entre una respuesta reactiva y una regulada.
  • Perdónate rápidamente. A veces perderás la calma. Eso no anula todo el buen trabajo. La reparación importa más que la perfección.
Don't Say

¿¡Qué te PASA?! ¡No se PEGA!" (gritado mientras agarras el brazo del niño)

Try Instead

No voy a permitir que pegues. Estoy aquí. Vamos a respirar juntos." (dicho con calma mientras bloqueas el golpe)

Para una exploración más profunda sobre cómo construir seguridad emocional durante momentos intensos, incluyendo cómo mantenerte regulado cuando el comportamiento de tu hijo te pone a prueba, consulta nuestra guía dedicada.

Plan de acción semana a semana

Semana 1: Observar y comprender

  • Registra todos los incidentes agresivos (hora, detonante, tipo, tu respuesta)
  • Identifica los 3 principales detonantes de tu hijo
  • Practica TU respuesta tranquila — ensáyala mentalmente
  • Comienza con 10 minutos diarios de tiempo de conexión
  • Lee un cuento infantil sobre emociones juntos cada día

Semana 2: Introducir seguridad y co-regulación

  • Implementa el enfoque de seguridad primero en cada incidente
  • Practica la co-regulación: siéntate con tu hijo durante la tormenta
  • Comienza a nombrar sentimientos: "Estabas enojado" / "Eso se sintió injusto"
  • Introduce una herramienta para calmarse (respiración, apretar una almohada)
  • Continúa registrando para buscar patrones de detonantes

Semana 3: Enseñar y practicar

  • Haz un juego de roles con un escenario desafiante al día durante momentos de calma
  • Practica el comportamiento alternativo elegido (pisar fuerte, voz de enojo, alejarse)
  • Comienza a enseñar vocabulario emocional durante momentos cotidianos, no solo después de la agresividad
  • Habla sobre lo que pasó con tu hijo 30 minutos después de los incidentes (no durante)
  • Coordínate con el colegio/guardería para mantener un lenguaje y enfoque consistentes

Semana 4: Fortalecer y celebrar

  • Nota y celebra cada momento en que tu hijo maneje la frustración sin agresividad — por pequeño que sea
  • Ajusta tu enfoque según lo que esté funcionando
  • Añade un segundo comportamiento alternativo a su repertorio
  • Aumenta la independencia: "Tu cuerpo se estaba enojando. ¿Qué puedes hacer?"
  • Revisa tu registro de seguimiento y anota las mejoras

La mayoría de las familias que implementan estas estrategias de forma consistente ven una reducción del 40-60% en los episodios agresivos en 4-6 semanas. El progreso no es lineal — tendrás días malos y retrocesos — pero la trayectoria general importa más que cualquier incidente individual.

Historias de éxito de padres reales

El descubrimiento del volcán de Ana

"Mi hijo de 3 años pegaba constantemente — en casa, en el preescolar, durante las reuniones con otros niños. Me llamaban casi todos los días. Empezamos con el concepto del 'cuerpo volcán': '¿Tu cuerpo se está calentando? ¿Está rugiendo?' Él aprendió a decir '¡Mi volcán se está haciendo grande!' e inmediatamente hacíamos respiraciones profundas juntos. En tres semanas, los golpes en el colegio bajaron de diarios a quizás una vez por semana. Su profesora no podía creerlo. Todavía se enoja — tiene TRES años — pero ahora tiene palabras para lo que está pasando dentro de él."

El cambio de conexión de Jorge y Elena

"Cuando llegó nuestro segundo bebé, nuestra hija de 5 años empezó a empujar, pellizcar y patear — mayormente dirigido a nosotros, a veces al bebé. Estábamos aterrados y agotados. Entonces nos dimos cuenta de que su cuenta de conexión estaba completamente vacía. Empezamos 'El tiempo especial de Sofía' — 15 minutos cada noche donde el bebé estaba con el otro padre y ella tenía nuestra atención total e indivisible. Ella elegía lo que hacíamos. Sin teléfonos, sin bebé, sin interrupciones. La agresividad disminuyó drásticamente en dos semanas. No necesitaba disciplina. Nos necesitaba a nosotros."

El mapa de detonantes de Marta

"Mi hijo de 4 años se descontrolaba después del colegio todos los días — tiraba los zapatos, pegaba a su hermana, gritaba. Yo pensaba que simplemente estaba siendo rebelde. Cuando empecé a registrar, noté que era SIEMPRE entre las 3:30 y las 4:30 de la tarde, y no había comido desde el almuerzo del mediodía en el colegio. Empezamos a recibirlo con una buena merienda en el coche al recogerlo. Solo eso redujo la agresividad después del colegio a la mitad. El resto lo resolvimos dándole 20 minutos de tiempo tranquilo con audiolibros antes de esperar que interactuara con alguien. A veces la solución es más sencilla de lo que piensas."

Cuándo buscar ayuda profesional

La agresividad que cae dentro del rango normal del desarrollo responde a una intervención consistente y compasiva. Pero cierta agresividad señala la necesidad de evaluación y apoyo profesional. Confía en tus instintos — tú conoces a tu hijo mejor que nadie.

Señales de alerta que justifican una evaluación profesional

Intensidad y frecuencia:

  • Los episodios agresivos ocurren diariamente a pesar de 2-3 meses de estrategias consistentes
  • Tu hijo está causando lesiones reales a sí mismo o a otros (más allá de golpes menores)
  • La agresividad está escalando en intensidad con el tiempo en lugar de disminuir
  • Los episodios duran inusualmente mucho (más de 30 minutos de agresividad sostenida)

Patrones de comportamiento:

  • La agresividad ocurre en todos los entornos (casa, colegio, con todos los cuidadores)
  • Tu hijo muestra crueldad hacia los animales
  • La destrucción de objetos es deliberada y frecuente
  • Tu hijo muestra poco o ningún remordimiento después de lastimar a alguien (después de los 4-5 años)
  • La agresividad parece planificada o premeditada en lugar de reactiva

Preocupaciones del desarrollo:

  • Retrasos significativos en el habla o lenguaje junto con la agresividad
  • Regresión en habilidades previamente dominadas
  • Dificultad con el procesamiento sensorial (reacciones extremas a texturas, sonidos, luces)
  • Agresividad acompañada de ansiedad significativa o cambios de humor

Impacto social:

  • Tu hijo ha sido excluido del colegio o la guardería
  • Los hermanos o compañeros le tienen miedo a tu hijo
  • Tu hijo no puede mantener ninguna amistad
  • La vida familiar está dominada por manejar la agresividad

A quién contactar: Empieza con tu pediatra, quien puede descartar causas médicas y referirte a un psicólogo infantil, pediatra del desarrollo o especialista en conducta. La intervención temprana produce consistentemente los mejores resultados.

Lo que realmente estás enseñando

Cuando respondes a la agresividad con firmeza tranquila en lugar de castigo, cuando nombras sentimientos en lugar de avergonzar, cuando enseñas alternativas en lugar de solo decir "para" — no estás siendo blando. Estás construyendo la arquitectura emocional de tu hijo desde adentro hacia afuera.

Cada momento de co-regulación fortalece las conexiones neuronales para la autorregulación. Cada emoción nombrada expande su vocabulario interno. Cada alternativa practicada crea una nueva opción donde "pegar" solía ser la única. Literalmente estás construyendo los circuitos cerebrales que tu hijo usará para manejar conflictos, frustraciones y emociones intensas por el resto de su vida.

Este es el trabajo más difícil y más importante de la crianza temprana. Y tú lo estás haciendo.

Tus próximos pasos

No necesitas cambiarlo todo de golpe. Empieza con una estrategia que te parezca manejable y construye a partir de ahí. La consistencia con un solo enfoque siempre superará los intentos dispersos de muchos.

Si la agresividad de tu hijo incluye comportamientos específicos como pegar, nuestra guía completa sobre niños que pegan ofrece guiones detallados y protocolos de respuesta. Para los mordiscos específicamente, consulta nuestra guía sobre mordiscos en niños pequeños.

Para un marco más amplio sobre cómo establecer límites con calidez y respeto, explora nuestros ejemplos de disciplina positiva para niños de 3 años, que cubren estrategias apropiadas para la edad que reducen las luchas de poder y la frustración que a menudo alimentan el comportamiento agresivo.

Si las rabietas son una parte importante del panorama, nuestra guía completa sobre rabietas en niños pequeños proporciona todo el conjunto de herramientas para navegar las tormentas emocionales — desde la prevención hasta la respuesta en el momento y la construcción de habilidades a largo plazo.

La agresividad de tu hijo no es un veredicto sobre quién es. Es una señal sobre lo que necesita. Y el hecho de que estés aquí, leyendo y aprendiendo, me dice que tiene exactamente el padre o la madre que necesita para ayudarle a superarlo.

🤖

Asistente de Crianza IA 24/7

Obtén consejos instantáneos y personalizados con conocimiento de crianza curado por expertos. Chatea con tu coach de IA en cualquier momento y lugar.

Asistente de Crianza IA 24/7 screenshot
🆘

Apoyo para Momentos Desafiantes

Accede a estrategias de crianza paso a paso, consejos rápidos y orientación específica por edad para situaciones difíciles cuando más lo necesitas.

Apoyo para Momentos Desafiantes screenshot

Scripts de Establecimiento de Límites

Establece límites firmes y amorosos sin castigo usando scripts y estrategias basados en evidencia que construyen cooperación y respeto.

Respetamos tu privacidad. Cancela en cualquier momento.

Preguntas Frecuentes

Descarga RootWise Hoy

Download on the App StoreGet it on Google Play
💙

¿Necesitas apoyo personalizado?

El coach de IA de RootWise puede proporcionar estrategias personalizadas para tu situación específica, disponible 24/7 cuando más lo necesitas.

Conoce más sobre el Coaching con IA →

Related Articles

Tu hijo de 5 anos no escucha? 7 estrategias expertas para la cooperacion en edad escolar
Feb 21, 202610 min

Tu hijo de 5 anos no escucha? 7 estrategias expertas para la cooperacion en edad escolar

Tu hijo de 5 anos puede entender las reglas perfectamente — y aun asi ignorar cada una de ellas. Descubre por que los ninos en edad escolar tienen dificultades para escuchar y conoce 7 estrategias que construyen cooperacion real sin reganos constantes ni luchas de poder.

Read More →
Tu hijo de 2 anos no escucha? Por que es normal y 8 formas de fomentar la cooperacion
Feb 16, 202610 min

Tu hijo de 2 anos no escucha? Por que es normal y 8 formas de fomentar la cooperacion

Tu hijo de 2 anos no te ignora a proposito — su cerebro literalmente no puede procesar las instrucciones como esperarias. Descubre por que los pequenos desconectan y aprende 8 estrategias basadas en la conexion que transforman la resistencia en cooperacion sin gritos ni castigos.

Read More →