Rivalidad entre hermanos: causas y qué hacer


Contenido
Son casi las seis de la tarde y Lucía está escurriendo la pasta cuando empiezan los gritos. Diego, de seis años, ha puesto un calcetín a lo largo del sofá. Todo lo que queda de su lado es suyo. Valentina, de tres, apoya un dedo encima del calcetín y lo mira fijamente mientras lo hace.
Cuando Lucía llega a la sala, Diego está rojo de rabia, Valentina llora y los dos hablan a la vez. «¡Lo hizo a propósito!» «¡Me empujó!» Lucía no sabe quién empezó. Sospecha que da igual. Y piensa lo que casi todas las madres y padres de más de un hijo han pensado alguna vez: ¿por qué no pueden llevarse bien y ya?
Si esta escena te suena, no estás haciendo nada mal. La rivalidad entre hermanos es uno de los retos más comunes de la vida en familia y, a la vez, uno de los más malinterpretados. En esta guía vas a ver por qué compiten los hermanos, cuánta rivalidad es normal, dónde está la línea con el acoso y qué ayuda de verdad, tanto en el momento como en los ratos tranquilos entre una pelea y otra.
- ✓La rivalidad entre hermanos es normal: cierto grado de competencia indica que cada hijo sabe defender lo que necesita
- ✓La mayoría de las peleas nacen de habilidades que todavía se están formando, más el temperamento, la diferencia de edad y la competencia por tu atención
- ✓La rivalidad va en las dos direcciones; el acoso es de un solo lado, se repite y da miedo, y exige que un adulto actúe
- ✓Intervenir con calma, como guía y no como árbitro, ayuda a que con el tiempo discutan de forma más constructiva
- ✓Las comparaciones, rescatar siempre al mismo hijo y las disculpas forzadas suelen empeorar la rivalidad
¿Qué es la rivalidad entre hermanos y cuánta es normal?
La rivalidad entre hermanos es la competencia entre ellos: por la atención, por el espacio, por los juguetes, por ser el primero, por tener razón. Se nota en las discusiones, los chismes («¡Mamá, mira lo que hizo!»), las burlas, los arrebatos y a veces los golpes. Y también se nota de formas más silenciosas, como cuando un niño de pronto necesita ayuda para cosas que la semana pasada hacía solo.
Ayuda saber lo pronto que empieza. En un estudio clásico que observó a familias en su propia casa, niños de apenas dos años ya mostraban en sus peleas con el hermano mayor conductas sorprendentemente maduras: hacían las paces, molestaban a propósito y apelaban a las reglas de la familia (Dunn y Munn, 1986). La rivalidad no se aprende de malos ejemplos. Viene incluida con tener hermanos.
La Asociación Española de Pediatría lo resume con una frase que tranquiliza: los celos entre hermanos son tan normales que casi habría que preocuparse si no aparecieran, aunque conviene mantenerlos al mínimo para evitar sufrimientos innecesarios (AEPED, En Familia). El portal australiano Raising Children Network, financiado por el gobierno, coincide: las discusiones son comunes entre hermanos, y la mayoría se pelean menos a medida que desarrollan mejores habilidades (Raising Children Network).
Así que la meta no es una casa sin peleas. La meta son peleas que se mantengan seguras y justas, y que terminen con tus hijos un poco más hábiles para resolver conflictos que antes.
¿Por qué se pelean tanto los hermanos?
En plena tercera discusión antes del desayuno, parece que todo es al azar. Casi nunca lo es. Hay causas que se repiten una y otra vez.
Compiten por ti
Eres la persona más importante en el mundo de tus hijos, y solo hay una como tú. Detrás de mucha rivalidad hay una pregunta que los niños no saben poner en palabras: ¿me quieres tanto como a mi hermano? Por eso las peleas estallan justo cuando te sientas con uno de ellos, contestas el teléfono o le das de comer al bebé.
La justicia también entra en juego. Los niños observan con lupa quién recibe el pedazo más grande, quién va adelante en el coche, quién se acuesta más tarde. Para un niño, que lo traten distinto puede sentirse como que lo quieren distinto, aunque para ti la diferencia tenga todo el sentido.
Sus habilidades todavía se están formando
La idea más útil de todas: tus hijos se pelean porque todavía no tienen las herramientas para resolver el problema de otra manera. Raising Children Network explica que las peleas suelen empezar cuando los niños ven una situación como injusta, sienten que su hermano no entiende su punto de vista o quieren defender lo que creen que les corresponde (Raising Children Network). El mayor puede pensar que molestar es una broma mientras que el pequeño se siente herido de verdad. Ninguno de los dos es un mal niño. A los dos les falta una habilidad.
Los temperamentos chocan
Cada niño nace con su propio temperamento. Uno de tus hijos puede ser flexible y tranquilo, y el otro, insistente, sensible y de mecha corta. Mételos una hora en el coche y las chispas están casi garantizadas. Las diferencias de temperamento explican por qué la misma situación a uno ni le afecta y al otro lo hace explotar.
La edad y la diferencia de edad
La forma de manejar los conflictos cambia con la edad. Los más pequeños empujan y arrebatan porque ya sienten la frustración pero todavía no tienen las palabras. Los niños en edad escolar discuten más y pegan menos, y sus peleas giran cada vez más en torno a lo justo, la privacidad y las pertenencias. Una gran diferencia de edad trae sus propios roces, como cuando el pequeño destruye una y otra vez la construcción del mayor, y una diferencia pequeña también, porque los dos están en la misma etapa y quieren lo mismo al mismo tiempo.
La pediatría española señala además que los celos son más frecuentes en los primogénitos, cuando hay mucha diferencia de edad entre los hermanos y cuando hay comparaciones con otros niños (AEPED, En Familia).
Lo que ven a su alrededor
Los niños aprenden a manejar los desacuerdos observando a los adultos. Cuando ustedes, como madre y padre, resuelven sus propios conflictos con calma, ellos lo copian. Raising Children Network también advierte que los niños a quienes se castiga físicamente tienen más probabilidades de ser violentos con sus hermanos, igual que los que ven a menudo agresiones entre adultos o consiguen lo que quieren a empujones (Raising Children Network).
Y luego están los multiplicadores de siempre: hambre, cansancio, demasiadas pantallas, un bebé nuevo, una mudanza, una semana pesada en tu trabajo. Si las peleas se disparan todos los días a las cinco de la tarde, quizá tengan menos que ver con ellos dos que con un tanque vacío.
¿Cuándo es más que rivalidad entre hermanos?
La gran mayoría de los conflictos entre hermanos son rivalidad común y corriente. Algunos no lo son, y es importante saber distinguirlos, porque la agresión entre hermanos muchas veces se descarta con un «son cosas de niños».
Un estudio con una muestra nacional de 3.599 niños y adolescentes en Estados Unidos encontró que quienes habían sufrido agresiones de un hermano en el último año, incluso en formas leves como que les rompieran sus cosas o ataques físicos leves, mostraban más malestar psicológico. La agresión entre hermanos y la agresión entre compañeros pesaban cada una por su lado (Tucker y colaboradores, 2013). Un gran estudio británico que siguió a más de 6.900 jóvenes encontró que quienes sufrían acoso frecuente de un hermano a los 12 años tenían alrededor del doble de probabilidades de tener depresión y de autolesionarse a los 18 (Bowes y colaboradores, 2014).
Estos datos hablan de un riesgo mayor, no de un destino escrito. Pero dejan algo claro: que un hermano te lastime una y otra vez no es inofensivo, y los niños no pueden resolverlo solos.
La rivalidad suele verse así:
- Los dos empiezan peleas, y los dos ganan y pierden a veces
- La pelea es por algo concreto: un juguete, un turno, un lugar
- Una hora después están jugando juntos otra vez
El acoso entre hermanos suele verse así:
- Casi siempre es el mismo hijo el que lastima, y casi siempre el mismo el que sale lastimado
- Se repite: golpes, amenazas, intimidación, humillaciones a propósito, romper las cosas del otro
- Uno de los dos le tiene miedo al otro, evita quedarse a solas con él o cede siempre para que haya paz
Raising Children Network lo dice sin rodeos: las peleas son comunes, pero la agresión física repetida, las amenazas, la intimidación, la humillación deliberada o cualquier conducta que haga que un hermano tenga miedo no son típicas ni aceptables, y necesitan apoyo profesional (Raising Children Network).
Cómo manejar la rivalidad y mejorar la relación entre hermanos
No hay un truco que haga que los hermanos dejen de competir. Lo que sí puedes cambiar es cómo transcurren las peleas, y cómo se sienten tus hijos después, entre ellos y contigo.
Deja pasar lo pequeño, intervén cuando duele
No todas las discusiones te necesitan. Si es un desacuerdo verbal sencillo y nadie sale lastimado, puedes quedarte al margen: así tus hijos tienen la oportunidad de resolverlo por su cuenta (Raising Children Network).
Intervén cuando la pelea se vuelve física, cuando las palabras se vuelven crueles o cuando uno de los dos está claramente en desventaja. Y no te preocupes por empeorar las cosas al intervenir. En un estudio con 40 familias canadienses con hijos de dos y cuatro años, los padres solían intervenir en las peleas más intensas, y después de su intervención los niños usaban menos la fuerza y más estrategias de negociación (Perlman y Ross, 1997).
¿Quién empezó? Quiero la verdad, ahora mismo.
Manos quietas, los dos. Veo a dos niños muy enojados. Primero nos calmamos y luego lo arreglamos juntos.
Sé guía, no árbitro
Cuando dictas sentencia («Diego, devuélveselo, tú eres el mayor»), uno sale sintiéndose ganador y el otro sintiendo que lo quieres menos. El problema de fondo sigue sin resolverse y la pelea vuelve mañana.
Guiar funciona distinto. Ayudas a los dos a decir lo que quieren, a escuchar al otro y a encontrar una solución con la que ambos puedan vivir. Unos investigadores canadienses asignaron al azar a 48 familias con hijos de 5 a 10 años: una parte de los padres aprendió una forma sencilla de mediación para los conflictos entre hermanos y la otra siguió como siempre. En las familias de mediación, los niños resolvían los conflictos de forma más constructiva, llegaban a acuerdos con más frecuencia, se mostraban menos hostiles cuando más adelante negociaban solos y entendían mejor el punto de vista de su hermano (Smith y Ross, 2007).
No necesitas ninguna formación para empezar. Basta con esta secuencia:
- Primero calma y seguridad. Sepáralos si hace falta. Nadie puede resolver nada en plena tormenta.
- Uno a la vez. Cada hijo cuenta lo que pasó mientras el otro escucha. Nadie interrumpe, tampoco tú.
- Repite lo que escuchaste. «Diego, tú querías el sofá para ti después de la escuela. Valentina, tú querías sentarte cerca de tu hermano.»
- Pide ideas. «¿Qué podemos hacer para que esto funcione para los dos?» Al principio vale cualquier idea, aunque sea absurda.
- Pónganse de acuerdo y revisen después. Elijan una idea, pruébenla y vuelvan a hablar si no funciona.
Con niños pequeños, esto se reduce a una o dos frases. Con niños de ocho o nueve años, muchas veces puedes ir directo a «¿Qué ideas tienen?» y dejar que ellos hagan casi todo el trabajo.
Olvídate de las comparaciones
«¿Por qué no puedes ser como tu hermana?» es una de las formas más rápidas de avivar la rivalidad. Incluso las comparaciones positivas («Tú eres el ordenado») reparten papeles fijos por los que luego compiten. La AEPED recomienda justo lo contrario: marcar las diferencias entre los hermanos y tratar a cada uno según su manera de ser, porque cada hijo es distinto en todo, incluso los gemelos (AEPED, En Familia).
Describe lo que hace cada hijo sin mencionar al otro.
Mira qué bien está sentado tu hermano. ¿Por qué tú no puedes?
Hoy te está costando quedarte quieto. ¿Me ayudas a llevar los platos?
Justo no significa igual
Los niños piden que todo sea igual, pero lo que de verdad necesitan es sentir que se les trata con justicia. Un niño de seis años y una niña de tres pueden tener horas de dormir, tareas y privilegios distintos. Raising Children Network lo dice claro: un trato justo no es necesariamente el mismo trato (Raising Children Network). Dilo en voz alta: «En esta familia, cada uno recibe lo que necesita. Ahora Valentina necesita ayuda con los zapatos y tú vas a necesitar ayuda con la tarea más tarde.»
Un rato solo para cada hijo
Mucha rivalidad es, en el fondo, una petición de atención. Reserva un rato a solas con cada hijo dentro de la rutina diaria: una charla antes de dormir, ir juntos a comprar el pan, un paseo con el perro. No tiene que ser largo; diez minutos sin el teléfono también cuentan. Ponle nombre, por ejemplo «nuestro rato», para que tu hijo sepa que va a llegar.
Pocas reglas que todos conozcan
Los niños se sienten más seguros cuando los límites son claros y valen para todos. Que la lista sea corta y concreta: «No nos pegamos.» «Tocamos antes de entrar al cuarto del otro.» «Pedimos antes de tomar algo.» Las reglas familiares dejan claras las expectativas, y ayuda recordarlas y cumplirlas siempre de la misma manera (Raising Children Network). Cuando se rompe una regla, señala la regla, no al niño: «En esta familia no nos pegamos. Puedes decirle que estás enojado.»
De la app
Qué decir cuando pasa
Dos niños están peleando, agarrando o gritando por el mismo juguete
Edades 2-10 años
Di esto
- 1Veo dos niños que quieren el mismo juguete. ¡Qué frustrante!
- 2No voy a decidir quién se lo queda. Los dos lo quieren, lo entiendo.
- 3El juguete descansa hasta que encuentren una solución juntos.
- 4Cuando estén listos para resolverlo, aquí estoy para ayudarles.
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Reparar después de la tormenta
Lo que pasa después de una pelea importa tanto como la pelea. Cuando todos estén tranquilos, reconecta con cada hijo por separado. El que salió lastimado necesita consuelo. El que lastimó necesita saber que lo sigues queriendo, y una forma de arreglarlo que sea más que un «perdón» murmurado: ir a ver si su hermano está bien, volver a armar la torre, cederle el siguiente turno.
También ayuda decir en voz alta los buenos momentos. Cuando tus hijos comparten, juegan juntos o resuelven un problema sin ti, diles que lo notaste. Reconocerlo hace más probable que esos momentos se repitan (Raising Children Network).
La rivalidad entre hermanos según la edad
Bebés y niños pequeños (0 a 3 años)
Con un bebé en casa, la rivalidad viene sobre todo del hermano mayor. Algunos niños se vuelven más dependientes o actúan como si fueran más pequeños, otros se ponen bruscos con el bebé y muchos no hacen ni una cosa ni la otra. Una revisión de 30 estudios sobre la llegada de un hermano encontró grandes diferencias entre niños: para algunos fue una etapa difícil, para otros un paso adelante en su desarrollo y para otros apenas cambió nada (Volling, 2012). Si tu hijo pequeño es brusco con el bebé, quédate cerca, frena el golpe sin dramas y ponle nombre a lo que siente: «Estás enojado porque el bebé me necesita mucho ahora.» En nuestra guía sobre cómo preparar al hermano mayor para el nuevo bebé encontrarás esta etapa en detalle, y aquí tienes qué decir cuando tu hijo mayor le pega al bebé.
Edad preescolar (3 a 5 años)
Es la edad de los arrebatos, los empujones y el «¡Es mío!». Los niños de tres y cuatro años apenas están empezando a cooperar y a respetar turnos, y todavía suelen expresar la frustración con el cuerpo. Cuenta con intervenir a menudo y usa frases cortas. Un reloj de arena para los turnos, tener por duplicado los juguetes más disputados y una regla sencilla como «puedes jugar con él cuando lo suelte» evitan muchas peleas antes de que empiecen. Para el clásico pleito por un juguete, mira qué decir cuando los hermanos pelean por un juguete.
Edad escolar (6 a 10 años)
Las peleas se vuelven más verbales y giran más en torno a la justicia: quién se sienta dónde, a quién le tocó más, quién entró al cuarto de quién. A esta edad los niños son cada vez más capaces de resolver problemas sin ti, así que es cuando más rinden los pasos de guía que viste arriba. Las burlas también ganan peso; si ese es el principal campo de batalla en tu casa, lee después nuestra guía sobre las burlas entre hermanos.
Preguntas que hacen los padres sobre la rivalidad entre hermanos
«Mis hijos se pelean más que en cualquier otra familia que conozco. ¿Es mi culpa?»
Probablemente no, y en otras familias seguramente se pelean más de lo que crees cuando nadie está mirando. El temperamento, la edad y la diferencia de edad influyen en cuánto chocan. Lo que sí puedes cambiar es cómo terminan las peleas y cuántas veces tus hijos se sienten comparados o ignorados.
«El mayor siempre empieza. ¿No debería castigarlo?»
Cuidado con el «siempre». A menudo ves la reacción del mayor, mientras que el pequeño empujoncito de antes pasó desapercibido. Y aunque el mayor sí haya empezado, castigar todo el tiempo suele aumentar el resentimiento que alimenta la rivalidad. Mantén el límite («No voy a dejar que le pegues») y dale a ese hijo más rato a solas contigo y ayuda para poner su frustración en palabras.
«¿Tengo que obligarlos a pedir perdón?»
Puedes invitar a pedir perdón, pero si lo obligas, sobre todo aprende a decir la palabra. Espera a que todos estén tranquilos y pregúntale cómo puede ayudar a su hermano a sentirse mejor. Reparar es una habilidad, y crece con la práctica.
«¿Cómo mantengo la calma cuando llevan todo el día peleando?»
Baja la exigencia contigo. Tu trabajo no es evitar cada discusión, sino que las cosas sigan siendo seguras y justas. Si la situación lo permite, respira despacio unas cuantas veces antes de intervenir, o pide a otro adulto que se encargue unos minutos. Tu voz tranquila es una de tus herramientas más poderosas, porque tus hijos la copian.
«¿Algún día serán amigos?»
La mayoría de los hermanos se pelean menos a medida que crecen y mejoran sus habilidades. Un estudio a largo plazo incluso encontró que la forma en que los primogénitos se relacionaban con sus amigos antes de que naciera su hermano predecía qué tan bien se llevaban con ese hermano en la adolescencia (Kramer y Kowal, 2005). Las habilidades sociales que los niños aprenden en cualquier lugar se las llevan a casa. Cada práctica cuenta.
¿Por dónde seguir?
La rivalidad entre hermanos tiene muchas caras. Según lo que esté pasando en tu casa, estos son los mejores siguientes pasos:
- Viene un bebé en camino o acaba de llegar: cómo preparar al hermano mayor para el nuevo bebé
- Peleas entre hermanos y estallidos: conflictos entre hermanos: cómo intervenir sin tomar partido
- Burlas que siempre van demasiado lejos: burlas entre hermanos
- Las palabras exactas para un pleito por un juguete: qué decir cuando los hermanos pelean por un juguete
- Celos del bebé: qué decir cuando tu hijo tiene celos del bebé
Fuentes
- Asociación Española de Pediatría, En Familia: Celos en los niños... casi normales
- Raising Children Network (Australia): Why siblings fight y How to handle sibling fights
- Dunn, J., y Munn, P. (1986). Sibling quarrels and maternal intervention. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 27(5), 583-595.
- Perlman, M., y Ross, H. S. (1997). The benefits of parent intervention in children's disputes. Child Development, 68(4), 690-700.
- Smith, J., y Ross, H. (2007). Training parents to mediate sibling disputes. Child Development, 78(3), 790-805.
- Tucker, C. J., Finkelhor, D., Turner, H., y Shattuck, A. (2013). Association of sibling aggression with child and adolescent mental health. Pediatrics, 132(1), 79-84.
- Bowes, L., Wolke, D., Joinson, C., Lereya, S. T., y Lewis, G. (2014). Sibling bullying and risk of depression, anxiety, and self-harm. Pediatrics, 134(4), e1032-e1039.
- Volling, B. L. (2012). Family transitions following the birth of a sibling. Psychological Bulletin, 138(3), 497-528.
- Kramer, L., y Kowal, A. K. (2005). Sibling relationship quality from birth to adolescence. Journal of Family Psychology, 19(4), 503-511.

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